Con anécdotas de su vida, la verborragia y la locura de siempre el ex técnico campeón del mundo en México ´86 pasó por el mano a mano con Luis Majul.Tal vez porque les da fiaca subir a la terraza, acercarse al tender, porque quieren enojar a sus parejas –las reconciliaciones siempre son lindas, ¿o no?-, o por simple obra del olvido, las mujeres tienen un denominador común a la hora de la ducha: todas tienen el pasatiempo –Real Academia Española mediante, hasta el viernes decíamos hobby- de colgar la bombacha en la canilla. Esa situación, a lo sumo, generará cortocircuitos pasajeros, pero no ameritará grandes venganzas (y menos aún si la mujer pasa por un momento de suma sensibilidad como el embarazo). Pero si se llaman Carlos Salvador Bilardo, les dicen “el narigón” y fueron campeones del mundo con la selección de fútbol, todo es posible, tal como se pudo ver ayer en La Cornisa, con Majul.
Parece que, hace varios años, al ex director técnico de Estudiantes lo invitaron a Misiones a dar una charla y a la vuelta se volvió con el mono de acompañante... pero no con Burgos precisamente. Ocurre que durante ese evento en el Litoral, a Bilardo uno de los participantes de la conferencia le regaló un souvenir. Nada de una cajita de recuerdo con tierra colorada adentro... el discreto obsequio fue ¡un mono!. “Llegué tarde a casa y lo puse en el baño. Gloria se levantó y lo vio. Ella estaba embarazada y el mono chillaba como loco”, contó el “narigón”, libre de culpa y cargo. “Al final se lo tuvo que bancar porque a mí me gustan mucho los animales”, explicó, cuando el rumor del destino final del mono comenzaba a ponerlo más cerca del arpa que de la banana.
Hablando de tocar el arpa: “a Gloria la conocí en un velorio”, fue el romántico recuerdo del primer encuentro del Doctor Bilardo con su mujer. Y no tardaron mucho en cambiar el negro luto por el blanco felicidad. Si bien pasó por una decisión del corazón, la idea de casarse pareció también una indicación táctica: “Hacía dos años que no perdíamos de locales –estaba en Estudiantes- y jugábamos contra River. Entonces Zubeldía nos dijo a todos los del plantel que teníamos que casarnos el lunes o el martes, o esperar hasta el próximo año para hacerlo”. Así fue que Bilardo obedeció y dejó la casaca de los solteros.
Pero como reza ese axioma del planeta fútbol los pases no se cierran hasta que no se firma todo, el “narigón” casi da marcha atrás. “Estábamos en el Registro Civil y yo le decía Gloria ¿si nos casamos el año que viene?”, amagaba con renunciar al anillo el Doctor. Cansada de esperar, la jueza de Paz dio el ultimátum: “¿Se van a casar o me voy?”, gritó. “Bueno, venimos el año que viene”, contestó dichoso Bilardo como esos jugadores que después de pegar una dura patada se van solos sin esperar la tarjeta roja del árbitro. “Pero me agarraron Manera y Poletti –los testigos- y me llevaron para adentro”, se resignó.
Bilardo, tipo groso si los hay, no sólo vive de obsesiones, sino también de récords: “Soy el único campeón Intercontinental como jugador (Estudiantes 1969), del mundo como técnico (Argentina 1986) y doctor”, se postuló para el libro Guiness. Dijo que está recopilando el material que le pidieron para incluir su nombre en las páginas donde descansan los grosos de los grosos, y lanzó un desafío. Ya en la mesa de Polémica en el Bar, tiró que “la empresa que me apoya le da 200 mil pesos a quien diga acá hay otro como Bilardo”. La definición del tema la dio Luis Pedro Tony a dos sillas de distancia: “Esto me huele a curro”, opinó.
Así es Bilardo, un loco lindo. Aunque a veces el hecho de ser doctor lo confunda un poco e intente hacer operaciones dentro del fútbol (José Pekerman, teléfono), y pese a esos “lapsus”, nosotros nos quedamos con el “narigón” del mono en el baño y el de los alfileres del Estudiantes de Zubeldía.
Nota extraída del diario clarín el dia 14-11-05